Hace ya un tiempo recibí un CV interesado en trabajar en nuestra empresa. Lo cierto es que era un perfil bastante completo, y pensamos en llamarle.

Ahora bien, antes de llamar a alguien siempre investigo un poco en Google. No sólo busco su nombre, a ver qué se habla de ellos, buscar referencias, sino que también busco la dirección de correo por curiosidad, que nunca se sabe.

Y precisamente menuda sorpresa nos llevamos. Hicimos una búsqueda de su correo electrónico, el que utiliza para buscar trabajo, su correo personal normal, y apareció en varios foros de dudoso gusto solicitando ciertos servicios bastante extraños, desagradables y que habrían hecho que nunca pudiésemos mirarle a la cara sabiendo esos secretos.

El motivo por el que no le llamé no fueron sus vicios ocultos ni sus gustos extravagantes. El motivo fue que demostró no ser suficientemente inteligente como para tener limpita y bien cuidada su dirección de correo normal con la que pide trabajo y no haber pensado que para esas cosas puede crearse otra cuenta de correo un poco más discreta… Porque además en su anuncio pedía “discreción”…