Jamal, la bolsita de té
Varis on Feb 19th 2008
Laura (estuvimos juntos en Etiopía este verano) me envía la historia de Jamal para que la publique en el blog. Es la historia de un chico que conocimos en Konso, un pueblo al sur de Etiopía, cerca de la frontera con Kenia. Jamal vendía pulseras de pelo de cola de jirafa y vivía en la calle. No tenía dónde ir ni nadie que le cuidara.
Así es como nos lo relata Laura:
Jamal
Íbamos buscando pulseras de cola de Jirafa, cuando llegó Jamal, un niño de unos 6 años, cubierto de barro y con esa vocecita de “soy pequeño todavía” ofreciéndonos las suyas, después de acabar con sus existencias y de no poder evitar acariciarle la cara, volvimos al hotel en el que dormíamos.
Más tarde vinieron un grupito de adolescentes reclamando las pulseras, a fin de evitar q se quedaran ellos con la mercancía le dijimos a Jamal que se quedara a cenar con nosotros y de paso esperar a que los del grupito se fueran. Debajo de la capa de barro y de los pies manchados de pintura verde había un niño pequeño con una sonrisa preciosa y con la curiosidad propia de su edad, como diría Unai en cualquier parte del mundo los niños tienen cosquillas. Mientras cenábamos, el tío Varis (en menos de una hora, todos le sentíamos un sobrino) sacó la cámara digital y empezó a jugar al juego de enseñarle fotos y esperar a que señalara a la persona de la foto, con los chicos lo tenía muy claro, pero con las chicas le costaba más y era difícil de entender siendo una rubia, una morena y una gordita (fácilmente diferenciables). Acabamos de cenar y él no quería irse y por supuesto nosotros tampoco, ya que teníamos ducha, jabón y ganas de ver a Jamal sin barro, le pegaron una ducha entre Bebi y Laura, alguien dijo que parecía una bolsita de té, hubo que aclarar varias veces. Parecía uno de esos niños que lleva toda la tarde en la piscina y sale tiritando pero con esa sonrisa de “quiero más”. Hicimos un apaño colectivo para no volver a ponerle la ropa sucia, así que heredó una camiseta de manga larga de Laura GF (que hacía a la vez de vestido) y unos calzoncillos del tío Jose con una cuerda-cinturón y nos despedimos de él hasta la mañana siguiente. A la mañana siguiente Varis y Jose fueron a comprarle unos zapatos, y cuando el resto salimos de la habitación estaba él con cara de “mirad que guapo estoy” todo fueron piropos mientras él seguía sonriendo conocedor de su pinta de “dandy”. Después de desayunar juntos y de que Jose y su navaja multiusos hicieran que la toalla, con la que la noche anterior le habíamos secado, se convirtiera en un poche, nos despedimos nuestro pequeño Dandy con sonrisa de “ha estado bien la piscina” y nosotros con cara de “no se puede tener un sobrino más guapo”.
En esta esquina de Konso, cuando ya había anochecido, fue donde encontramos a Jamal.
Se puso a mirar las fotos de mi cámara en la pantalla, alucinado, y reconociendo sitios y animales que habíamos fotografiado. Pidió que le sacar una foto, se la hice, y la pena fue no poder fotografiar la cara que puso cuando se vió en la pantalla. Empezó a tocarse la frente a intentar quitarse toda la suciedad que tenía, como se puede ver en la foto.
Lo primero que nos pidió fue un refresco. Supongo que le encantaría pero no la podría tomar muy a menudo. Aquí está tan feliz con su botella y mi botella de Pepsi.
Jamal con Unai al día siguiente, con Jamal limpiooo…
Aquí estamos Jamal y yo, al día siguiente, cuando ya estaba completamente acicalado con sus zapatos nuevos. Me encanta que me agarren así del dedo.
Me da pena no tener ninguna foto de Jamal con Jose, que fue el sastre que le confeccionó lo que lleva puesto. La toalla amarilla a modo de poncho era de Bebi, los zapatos se los compramos nosotros, llevaba unos pantaloncitos que hicimos con unos calzoncillos (limpios!) de Jose o Unai, no me acuerdo, se lo sujetamos con una cuerda que Unai convirtió en cinturón, una camiseta que era de Laura,… En fin, no le faltaba de nada. Cuando nos íbamos de Konso la gente estaba haciendo un corro alrededor de él y le jaleaban como a un héroe, casi.
Había que ver el antes y el después. Como cuenta Laura, estaba tan lleno de barro y suciedad, que cada vez que le bañaban seguía soltando agua marrón (de ahí lo de bolsita de té). Hubo que darle varios baños para que quedase limpito.
Pensamos en llevarlo a Addis Abeba a casa de las Hermanas, pero no podíamos hacerlo. Sería como raptarle. Y además no está nada bien visto que haya blancos con un niño etíope, y mucho menos que les metan en una habitación de un hotel o se los lleven en coches. Como es lógico ha habido problemas con estos temas… Pero menos mal que Bebi, nuestro amigo etíope, estaba con nosotros y se ocupó de la ducha.
Muchas veces me pregunto qué habrá sido de él. Seguirá durmiendo en la calle seguramente, o con suerte le habrá recogido alguien o estará con alguna organización de ayuda. Esperemos que esté bien.
Filed in Etiopía 2007 | 5 responses so far




















