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Cómo colarse en las pirámides de Egipto

Varis on Jul 26th 2007

Lo que cuento en este post pasó en el año 2003.

Todo el que va a Egipto lo primero que quiere ver son las pirámides, lógicamente. Porque son impresionantes. Nosotros (éramos ya un grupo de diez españoles) aterrizamos un viernes por la tarde desde Addis Abeba. Tras los pertinentes (y agotadores) trámites en el aeropuerto de El Cairo fuimos a dejar las maletas en el hotel, a cenar algo y a contratar un pequeño tour por la ciudad.

Ese tour incluía ver un poco la ciudad y navegar por el Nilo. Fuimos en tres coches (que por cierto, el chófer del coche en el que yo iba me tocaba demasiado… demasiado mucho…), y menudo caos en las calles, es horroroso. Que tráfico y que mal conduce la gente. ¡¡Nunca había visto nada parecido!! Es incluso peor que Delhi, Sevilla o Addis Abeba. Pudimos morir quince veces en media hora. Ir en coche por El Cairo es toda una aventura. ;-)

El paseo en barco por el Nilo fue genial, es algo que recomiendo a todo el mundo. Después del paseo le preguntamos a nuestro guía si podíamos ver las pirámides. Nos respondió que cerraban a las seis de la tarde, que ya no merecía la pena (eran las 12 y media de la noche). Le dijimos que daba igual, que las queríamos ver aunque fuese desde lejos.

Lo que no sabíamos es que el terreno de las pirámides está completamente rodeado por una muralla de hormigón, el perímetro es de unos 150 km, si no recuerdo mal, así que se veía más bien poco. Nos acercamos un poco a la puerta donde estaba la policía custodiando la entrada a mirar mejor y de pronto se nos acercó un chico egipcio.

Él (en inglés): “¿Queréis ver las pirámides?”
Nosotros: “Claro que sí, ¿se puede?”
Él: “Sí, no hay problema”
Nosotros (alucinados porque pensábamos que cerraba a las seis): “Pues vale, ¿cuánto cuesta?”
Él: “Tres euros por persona. ¿Queréis camellos o caballos?”

De los diez elegimos cuatro camellos y seis caballos. Evidentemente yo elegí ir en camello. Nos pidió que le siguiéramos y callejeando un poquito llegamos a una especie de parque en mitad de un barrio de chabolas muy pobre cercano a las pirámides. Estuvimos esperando un rato mientras el guía despertaba a los dueños de los animales y los iban trayendo poco a poco a la plaza, hasta que llegaron todos los animales. Nos subimos y empezamos a andar.

El principio del trayecto fue callejeando por callejuelas estrechas y antiguas de El Cairo. Muy bonito todo, y con un sabor especial. Se veía todo con muy claridad a pesar de que era de noche (ya era cerca de la una y media de la madrugada). Pasaba el tiempo y seguíamos callejeando, y además en dirección contraria a las pirámides. Nos empezaba a oler a chamusquina.

Yo me iba riendo mucho con otro amigo que iba en otro camello a mi lado, sobre todo de los que iban a caballo, porque más que caballos eran unos jamelgos desnutridos diminutos. Era muy divertido ver a los demás pelear por el control de los caballos. No fue tan divertido cuando el tiempo seguía pasando y seguíamos andando en dirección contraria a las pirámides y por calles muy estrechas y oscuras. Y de pronto llegamos a un lugar un poco más abierto. Era un cementerio antiguo. Lo cruzamos en silencio (no sé si era silencio de respeto o silencio de miedo). Obviamente cuando cruzamos el cementerio comenzaron las primeras bromas: “Me ha parecido ver una tumba con una inscripción que decía: Aquí yace un grupo de viajeros belgas que se creyeron que se podían ver las pirámides a las dos de la madrugada” y cosas así. Humor negro. Pero nos reíamos, claro.

Y de pronto el desierto. Así tal cual. Salimos de una calle y aparecemos en el desierto. Nos adentramos en el desierto y de lejos vemos que se acerca un grupo de jinetes árabes. Ahí si que nos entró miedo. Ya pensamos que era una encerrona para atracar a unos turistas, matarles y dejar sus cuerpos en el desierto. Y la verdad que no sería de extrañar, ¿a quién se le ocurre hacer lo que estabamos haciendo en El Cairo a esas horas de la noche?. Pero pasaron de largo. Menos mal. De pronto vimos el muro de cemento que rodeaba a las pirámides, fue un alivio ver alguna referencia, algo conocido. Seguíamos el recorrido del muro, y así seguimos unos minutos hasta que de pronto vimos que, en mitad del desierto, había un pequeño trozo derruido del muro que protegía a las pirámides.

El guía no se lo pensó dos veces y saltó con su caballo por ese pequeño espacio y nos animó a hacer lo mismo. Una de las amigas nuestras que iba a caballo se cayó al suelo (otro se cayó más tarde porque al caballo le apeteció revolcarse en la arena del desierto). Yo me asusté muchísimo con el camello, porque ya vas lo suficientemente alto como para que te hagan saltar y acto seguido bajar por una pendiente muy pronunciada. Me veía en el suelo, cosa que menos mal que no sucedió. ;-)

Así que nos colamos en las pirámides. :-D Con nocturnidad y alevosía. Una vez dentro del recinto lo que me preocupaba era que nos cogiera la policía o los de seguridad, porque nos podría pasar cualquier cosa. Tras un cuarto de hora andando llegamos a las pirámides. Subimos a una colina cercana con los camellos y las pudimos ver en todo su esplendor. Por la noche, sí, pero se veían perfectamente. Es increíble. Lo que me decepcionó fue la esfinge. La esperaba mucho más grande y era diminuta al lado de las pirámides. Pero menudo espectáculo.

Al final (ya eran cerca de las tres y media de la madrugada) le dijimos al guía que nos queríamos ir. Tardamos más de dos horas para entrar y para salir sólo cinco minutos. Fuimos a la entrada principal donde estaba la policía. El guía se bajó, habló con el jefe de los policías, le debió de dar algo y salimos por la puerta principal más anchos que largos. Lo que me pregunto es que si tenían sobornada a la policía porqué no nos metieron por la entrada principal desde un principio. :S

Pero menuda aventura. Fue genial. Aún me río cuando pienso en la situación, sobre todo en el hecho de entrar a ver las pirámides de forma ilegal. :-)

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